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Llegamos a la última habitación. El ático estaba dividido en dos habitaciones, una donde guardaba la colección vinilos, el toca-discos y el piano de cola Yamaha, lacado en negro. El salón era de decoración sencilla, la multitud de cuadros de exposición hacían acto de presencia contrastando con la lisa y blanca pared. La mesa era de madera trabada, traida de uno de sus viajes a cuba, y había un enorme Buda de teca a la entrada.
El dormitorio era amplio, forrado de papel pintado de color rojo sangre con motivos más oscuros. Colgaba del techo una tela color granate que caía por la cama, y el gran ventanal dejaba ver el mar de luces de la ciudad a lo lejos.
Todo fue como un teatro improvisado.
i am obsessed with the second photo!!!
ResponderEliminarlove the third.
ResponderEliminarnice blog
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hope!
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