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8.03.2011

Soy sola.

En un lugar apartadito del mundo.Un lugar donde no existe el sonido.
Una vieja calle empedrada, de casas frias. Blancas.
Alli nos escondíamos y mecíamos, presos de la incertidumbre, un maravilloso eco que encandilaba hasta al más pobre de los sentimientos. Lo haciamos bello.
Maravillosa compenetración inducida. Eso éramos. Viejos compañeros de viaje que se encuentran y creen que se conocen. Vulnerables al destino, locos en su huida por algo que ansían y sin querer se juntaron y crearon algo maravilloso de lo que no son conscientes. Transeuntes, con sombrero y gabardina que intentan mostrar una máscara blanca con solo dos cavidades que anulan el oxígeno.
Pasajeros de un tren, con destinos diferentes, al cual se aferran a los asientos de cuero negro como si fuera la única oportunidad que tienen de mantener la mirada puesta en el otro.


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